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19 Oct
19Oct

(Agosto 2019)

Esta noche, no veas la movida. En sueños fui a parar a un lugar donde había unos insectos pequeños (que no supe identificar o definir) La imagen los enfocaba en modo macro-lupa, y vi que en sus ojos se abría algo y ahí se activaba una luz consciente. 

Esta luz, muy inteligente, empezaba a rastrear todo el paisaje, todo el entorno. Era como si una mirada escrutadora y potente como un escanner se hubiera despertado en un par de diminutos insectos, pero el poder tras aquella inteligencia me daba repelús o miedo, porque casi me parecía maligno.

Sabía que nada se escaparía a esa conciencia que escaneaba y escrutaba todo, y sentí con mi ser lo que "eso" estaba buscando: odio. Buscaba odio humano. Y cuando lo encontrara...

De repente en otro punto del paisaje vi a un par de niñas y una adulta. Las niñas odiaban a alguien, mejor dicho a más de una persona. Percibí que una de ellas "odiaba a sus hermanos" y su odio era tan intenso y concentrado que me sobrecogió sentirlo. La excusé pensando que era cosas de niños, pero intuí lo que iba a pasar en breves instantes...

Y sucedió. La inteligencia de los insectos detectó el odio y enfocó su fuente de origen hasta ubicarla. Al instante, como si se tratara de un hormiguero descubriendo comida, o moscas detectando miel, millones de puntos oscuros empezaron a acercarse a las niñas desde todas partes. 

Era como la marabunta, una masa oscura de insectos llenando todo de color negro y viniendo de manera implacable, aparentemente ciega y absurda, pero no era ciegos: el odio era su comida y no podían evitar sentir hambre y ansia. 

Sentí horror y no quise mirar, mientras oía cómo la masa de insectos devoraban los pies de las niñas y luego su cuerpo. No era exactamente doloroso, pues pude sentir cómo era vivir eso, en diferido. 

Se sentía como un hormigueo sutil que adormecía el cuerpo. Lo entumecía conforme era devorado, así que esa persona iba dejando de sentir partes de su cuerpo o de sí misma progresivamente. 

En el último instante las niñas todavía comentaron algo medio en broma sobre el impacto que les causaba lo que les estaba sucediendo. Una de ellas aún sintió asco por los bichos y quiso vomitar, pero ya no tuvieron tiempo de nada más. Se hizo el silencio. Habían sido devoradas.

Yo tenía los ojos cerrados para no verlo, porque estaba aterrada. Oía ahora a la mujer adulta corriendo, huyendo de la plaga de insectos. Abrí los ojos y la vi encaramada a la aguja de una torre o un monumento. Era como la escena de King Kong en el Empire State, pero en este caso se trataba de una mujer subiendo por un monumento. Y es que también había odio en la adulta, y los insectos lo notaban. 

Y el odio era su comida. Así que aquello no era nada personal. No era un castigo divino. No eran "demonios enviados por Dios". Eran seres devoradores en modo plaga, y comían odio porque les resultaba algo delicioso.

Oí a mis Guías decirme: "Ten cuidado, no vayas a ser que te pase lo mismo. ¿Odias a alguien?" 
Y yo recé deseando que, en caso de albergar odio de manera inconsciente hacia alguien, me diera tiempo a darme cuenta y a expulsarlo de mi, antes de que me vieran los inteligentísimos ojos de aquellos insectos. 

Porque si algo tenía claro es que eran implacables, eficaces, y no respetaban edades, circunstancias, ni nada. El odio era como miel para ellos, con la diferencia de que ni siquiera se quedaban pegados a esa miel. Devoraban al que odiaba y luego seguían adelante, fortalecidos.

Me desperté ahí, con susto e inquietud, con el corazón a mil. Pero estaba entendiendo muchas cosas de una sola vez. Me acordé de las plagas bíblicas, y de las descripciones de insectos monstruosos en el Apocalipsis; me acordé de la invasión de insectos que hubo en la casa de un hombre que conozco; me acordé también de que no hace mucho, los insectos me dijeron que rezara por ellos.

Porque comprendí que, en cierto modo, este sueño era como permitirme "ver" una parte de la naturaleza de los insectos en el plano espiritual: algunos de ellos son "limpiadores". No lo pueden evitar, esa es su naturaleza. 

Los insectos del sueño eran seres de energía (no físicos) y me estaban dejando ver esto porque podía ser una enseñanza y una especie de aviso, para que yo lo tuviera en cuenta y cuidara de mi interior: "No cultives el odio, porque si lo haces, esto te puede pasar. Y no será nada personal"

Comprendí la naturaleza "de plaga" de algunas energías que llamamos demoníacas, pero que no lo son necesariamente, en el sentido de malignas. Realmente estos insectos del sueño no eran castigadores en nuestro sentido moral, sino como una plaga de La Naturaleza causada por el ser humano, a causa de que rompió un equilibrio. 

Y es que hasta donde sé, el odio sostenido, el odio cultivado, en el que uno se recrea, es un desequilibrio, una alquimia interna enfermiza. Estar enfadado es una cosa, pero odiar va más allá de eso. 

Mis Guías siempre me dijeron: "Enfadarse es sano a veces, puede ser defensa, pero mucho cuidado con el odio. No es buena cosa". Ahora estaba viendo al Odio desde el punto de vista "insecto-plaga" de energía.

Entendí también que en el acto de albergar odio suele haber una decisión consciente, porque para que el odio se instale en nuestro interior y se conserve, ha de haber un consentimiento, un recrearse en un estado de enojo e ira y llevarlo más allá. 

Pensé en las niñas devoradas. A posteriori me pregunté cómo hubiera podido salvarlas, pero el sueño no me lo permitió ver, no me lo mostró. 

Entendí que solo había un modo de evitar que los insectos las devoraran: ayudando a las niñas a abandonar el odio cuando ya estaba instalado, o a tomar consciencia de la diferencia entre ira y odio, y la importancia de no recrearse en lo último. Porque te puedes encontrar odiando sin querer, tal y como te puedes encontrar sucia de algo pringoso sin querer. Nos puede pasar a todos. Pero conservar el odio contigo y recrearse en él, es otra cuestión.

Me quedé medio dormida, rumiando comprensiones aceleradas sobre demonios, insectos, plagas y visiones de insectos malignos tenidas por místicos y chamanes de todas las épocas. Entonces, entre sueños, me observé a mí misma con pavor, para ver si tenía odio, porque hay en concreto una persona con la que estoy muy, muy enfadada desde hace años. 

Y justo, vi que tenía un odio oculto hacia esa persona. De hecho, hace una semana exactamente, la Abuelita Tierra me pidió que la soltara, que abandonara mi enojo y la dejara "ganar y disfrutar de todas las cosas", algo que me removió las entrañas por dentro porque lo sentía como una gran injusticia. 

Pero al final acepté el consejo de la Tierra, aunque me resultaba difícil. Y ahora estaba entendiendo que la Abuela Tierra estaba intentando salvarme del odio, para evitar que yo cayera presa de las plagas de devoradores. Y lo vi todo muy claro y diáfano, como si viera las cosas explicadas en su composición interior gracias a un microscopio en un laboratorio. 

Para mi alivio, la Abuela Tierra salió en mi ayuda en este sueño otra vez y me miró profundamente, y me dijo que solo tenía odio hacia esa persona, y no más. Por lo tanto, no sería tan difícil "limpiarme". Yo temía estar "llena" de odio, pero no. 

La Abuela Tierra me dijo que ciertamente había estado muy enojada con otras personas a lo largo de mi vida, pero con el tiempo las había ido soltando a mi manera, pasando página con el tiempo, porque mi naturaleza no era de atascarse en resentimientos y siempre acababa por intentar comprender al otro. Así que aunque estuve muy enojada, no llegué al punto de "odiarlas". En cuanto al enojo, no es "malo", solo puede ser malo lo que hagas con él. 

Vi que solo con esa persona que aparecía en el sueño había llegado al punto de odiar, y además lo había sostenido, por sentir que era muy injusto lo sucedido, deseando una especie de reparación. 

Al ver eso, solté el odio. Fue como cuando abres las manos con susto, al darte cuenta del "bicho" que estabas sosteniendo. 

Mis Guías me mostraron entonces un estanque de aguas quietas y cristalinas, y me dijeron que así podía llegar a ser mi interior, si aceptaba ese cambio, ese soltar. Yo podía desprenderme de aquel enojo resentido-odioso y entender las leyes básicas del auto cuidado emocional. 

Y la principal norma de salud era: No odiarás. Pues odiar era un horror y solo causaba horrores, para la propia persona y para otros. Plagas. 

Sentí la paz de las aguas quietas y cristalinas. Luego mis Guías vinieron a pedirme que hablara con ciertos muertos resentidos (de los que ahora no hablaré, porque se me dispersaría este post) y les pidiera que "abandonaran el odio". 

Y me mostraron lo que "podía pasar" si esas masas de muertos no dejaban de odiar a la humanidad, y además contagiaban su odio a los vivos: vi escenas pavorosas de humanos arrasados por destrucción de bombas nucleares o algo así. Restos humanos quemados... Uf...

"El odio incinera", me dijeron mis Guías. "El odio atrae fuego destructivo, y se asocia con devastación por fuego con cualidades venenosas o tóxicas". 

Me desperté ahí, aun oyendo a mis Guías, pidiéndome: "Habla sobre el odio, pide a los odian que dejen de odiar". 

Me pareció una petición casi ingenua. ¿Bastaría con decirlo? Porque conozco la buena prensa que tiene el odio en la actualidad, revestido o disfrazado de "justa indignación" y de "lucha revolucionaria" contra "los opresores". En cuanto a los muertos que mis Guías mencionaron... ¿Querrían dejar de odiar...?

Luego me di cuenta de que, de todos modos, mis dudas eran irrelevantes, pues ¿me quedaba otra opción salvo decir lo que sé que es verdad? Al margen de que se haga caso de este mensaje, ¿qué otra cosa puedo hacer, en conciencia, salvo decir lo que he visto sobre la naturaleza del odio y las "plagas" que atrae? 

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